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HISTORIA DE CHILE AUNQUE DUELA
Por
PATRICIO NAZER, escritor
EL RECIÉN PASADO 10
de septiembre se conmemoró el 130mo
aniversario del nacimiento, ocurrido en Talca en
1874, de Francisco Antonio Encina y Armanet,
personaje célebre que desde muy precoz se
transformaría en un aprovechado alumno del Liceo
de esa ciudad y de la Universidad de Chile, donde egresa
de la facultad de leyes en 1895, no obstante
que la ausencia de verdadera vocación le llevó a
ejercer la abogacía durante breve lapso, y a
dedicarse en cambio a labores agrícolas en su fundo
El Durazno y a la investigación de la historia.
El pensamiento de don
Pancho ocupa un lugar primordial en las letras
nacionales. Su fecunda labor de historiador, sociólogo y
economista ha dejado un mensaje de permanencia
significativa. Múltiples facetas tiene su personalidad:
conviven el intelectual con el empresario creador y el
agricultor enamorado de su tierra, siempre abierto a las
innovaciones de la técnica. Charlador inagotable, ameno
y ágil, es el recuerdo que surge del testimonio de
quienes le conocieron.
Incursiona por pocos
años en el campo de la política; es elegido diputado por
la agrupación de Linares, Parral y Loncomilla, tierra de
sus padres. Representó durante el período de 1906 a 1912
al Partido Nacional, guiado talvez por la tradición
familiar y la admiración que profesaba al presidente
Pedro Montt y a su ministro Antonio Varas, fundadores de
esa colectividad (que en el presente ha sido
reemplazada, en el nicho de la derecha liberal, por el
partido Renovación Nacional).
En definitiva, su
escepticismo de la eficacia de los grupos políticos
existentes y sus ideas contrarias al liberalismo
económico, le llevó, junto a un grupo de amigos
—conformado, entre otros, por Alberto Edwards y
Guillermo Subercaseaux— a organizar en 1915 la
Unión Nacionalista, movimiento que, además de
rehabilitar el menguado espíritu de nacionalidad, se
abocaría al estudio de materias de carácter
económico-social, básico en una sociedad moderna y que
intentaba reemplazar a los partidos tradicionales. La
sensación de crisis que atravesaba el país, inadvertida
para muchos, removió las conciencias de los espíritus
más selectivos impulsando la búsqueda del resurgimiento
de nuestra nación.
Publica en 1911 un original
ensayo, Nuestra inferioridad económica, en
el que a través de un análisis principalmente
sociológico establece las causales del atraso económico
a la sazón imperante: la herencia, el medio físico, no
desarrollan las aptitudes económicas de la población; y
la educación no llena este vacío orientando a la
juventud. Semejante proceso se ha ligado, expresa
Encina, a la decadencia del sentimiento de nacionalidad,
cuyas causas son hondas y lejanas; entre ellas, la lenta
gestación de los cambios en los sentimientos e ideas
tradicionales derivadas del conflicto cada vez más
intenso con Europa, que ha frenado el desarrollo
espontáneo de la nación.
Una larga jornada
literaria se inicia tras su novedoso primer ensayo;
publicaciones en diarios y revistas especializadas
alternarán con sus obras históricas, entre las que
destacan: Portales (1911); Los
límites entre Chile y Argentina (1935); La
literatura histórica chilena y el concepto actual de la
historia (1935); Las relaciones entre
Chile y Bolivia (1952); La presidencia de
Balmaceda (1952); y la Entrevista de
Guayaquil (1953).
SU MAYOR INSPIRACIÓN
Dieciséis años de
sostenido trabajo le significó la sola redacción de su
obra más importante y monumental, constituida por veinte
volúmenes: la Historia de Chile, desde la
prehistoria hasta 1891, que ha sido calificada
como el máximo esfuerzo individual realizado en el
género de la historiografía americana. Pudo ser editada
entre 1940 y 1952 gracias a la gran colaboración del
erudito español Leopoldo Castedo, y alcanzó una
extensión de once mil páginas. En ella recoge el pasado
de nuestro país con sus contradicciones, miserias y
bellezas y nos lo hace llegar con su estilo intenso y
colorido. Pareciera que un marcado interés lo guía a
desentrañar la génesis de los acontecimientos. Hay
fuerzas internas que forman los períodos históricos.
Así, durante la Colonia el proceso decisivo es la
formación de la raza. Desde 1830 en adelante predomina
la sugestión portaliana que desvía de su cauce normal a
la tendencia racial; paralelo a ello, se iniciaría el
proceso del quebrantamiento de los valores
tradicionales, cuyos efectos lejanos se harían sentir en
1900. El Resumen de Historia de Chile,
escrito por el propio Castedo, se convirtió igualmente
en obra usual de consulta.
Desde 1934 fue miembro de
la Academia Chilena de la Historia, y en 1955 obtiene el
Premio Nacional de Literatura (aún no existía el
de Historia). En 1957 es honrado con la medalla de oro
de la Academia Chilena de la Historia y de la Academia
de la Lengua.
Durante sus últimos años,
ya octogenario, continúa escribiendo incansablemente, lo
que comparte con sus bucólicas labores agrícolas. El 23
de agosto de 1965 muere en Santiago, cuando gozaba de
plena lucidez mental, y recién terminaba otra de sus más
importantes obras históricas: Bolivar y la
Independencia de América española (ocho
volúmenes).
ESTILO SUGESTIVO Y AMENO
Difícil tarea es
caracterizar su pensamiento, el que no se acoge a
sistema filosófico y político alguno. Sólo la realidad
inspira sus planteamientos. Al aproximarse a la
historia, ve la necesidad de su renovación, desea
establecer un concepto historiográfico nuevo, que
reemplace al tradicional. La intuición será la
herramienta principal en la aprehensión del pasado.
Concibe la historia que
muestra el fondo oculto bajo la forma externa de los
acontecimientos. Los sucesos históricos van tejiendo la
trama de la historia, pero hay factores decisivos, como
el racial, el físico, el sociológico, que en cierta
forma condiciona su desarrollo.
El perfeccionamiento de
una sociedad se obtiene encauzando su espíritu mediante
el cambio de su mentalidad; el conocimiento de la
sicología de un pueblo, que refleja en parte su alma
colectiva, es vital para ello. He ahí una tarea
pendiente para los educadores y gobernantes de hoy.
El estilo de Encina es
sugestivo, vital y ameno: la simbolización en los
sucesos más destacados y en personajes de carne y hueso,
que él tanto preconiza, cumple con creces su misión. El
pasado llega al lector en forma real, cualquiera sea el
grado de cultura que él tenga: de ahí en parte la gran
popularidad de su obra.
Vivió intensamente, y no
permaneció encerrado en el mundo del intelectual; quizá
sea ése el secreto de su conformación mental.
DOLOR Y VERGÜENZA
En una visita a la
Universidad de Concepción, ocurrida en 1952, Francisco
Encina manifestó: “El que ama la verdad no teme a la
antipatía que los pueblos y los hombres sienten por la
exhibición desnuda de su pasado, ni se rebaja a exaltar
artificialmente sus grandezas ni tender un velo sobre
sus miserias”.
Consejo muy atingente
para quienes todavía intentan ocultar de manera
corporativa los hechos del pasado reciente, acaecidos
patéticamente en el país, de los cuales fueron figuras
protagónicas y que hoy abjuran de sus responsabilidades
sin siquiera inmutarse.
Fueron sucesos
fratricidas que conforman un capítulo de la historia de
Chile y punto, aunque, qué duda cabe, hubieran dolido y
avergonzado sobremanera a don Pancho.☻
patricionazer@hotmail.com
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