martes, 16 noviembre 2004

 

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HISTORIA  DE  CHILE  AUNQUE  DUELA

                                     Por PATRICIO NAZER, escritor

                                 EL RECIÉN PASADO 10 de septiembre se conmemoró el 130mo aniversario del nacimiento, ocurrido en     Talca en 1874, de Francisco Antonio Encina y Armanet,     personaje célebre que desde muy precoz se transformaría en       un aprovechado alumno del Liceo de esa ciudad y de la Universidad de Chile, donde egresa de la facultad de leyes           en 1895, no obstante que la ausencia de verdadera vocación        le llevó a ejercer la abogacía durante breve lapso, y a dedicarse      en cambio a labores agrícolas en su fundo El Durazno y a la investigación de la historia.

                                El pensamiento de don Pancho ocupa un lugar primordial en las letras nacionales. Su fecunda labor de historiador, sociólogo y economista ha dejado un mensaje de permanencia significativa. Múltiples facetas tiene su personalidad: conviven el intelectual con el empresario creador y el agricultor enamorado de su tierra, siempre abierto a las innovaciones de la técnica. Charlador inagotable, ameno y ágil, es el recuerdo que surge del testimonio de quienes le conocieron.

                                Incursiona por pocos años en el campo de la política; es elegido diputado por la agrupación de Linares, Parral y Loncomilla, tierra de sus padres. Representó durante el período de 1906 a 1912 al Partido Nacional, guiado talvez por la tradición familiar y la admiración que profesaba al presidente Pedro Montt y a su ministro Antonio Varas, fundadores de esa colectividad (que en el presente ha sido reemplazada, en el nicho de la derecha liberal, por el partido Renovación Nacional).                          

                               En definitiva, su escepticismo de la eficacia de los grupos políticos existentes y sus ideas contrarias al liberalismo económico, le llevó, junto a un grupo de amigos —conformado, entre otros, por Alberto Edwards y Guillermo Subercaseaux—        a organizar en 1915 la Unión Nacionalista, movimiento que, además de rehabilitar el menguado espíritu de nacionalidad, se abocaría al estudio de materias de carácter económico-social, básico en una sociedad moderna y que intentaba reemplazar a los partidos tradicionales. La sensación de crisis que atravesaba el país, inadvertida para muchos, removió las conciencias de los espíritus más selectivos impulsando la búsqueda del resurgimiento de nuestra nación.   

                             Publica en 1911 un original ensayo, Nuestra inferioridad económica, en el que a través de un análisis principalmente sociológico establece las causales del atraso económico a la sazón imperante: la herencia, el medio físico, no desarrollan las aptitudes económicas de la población; y la educación no llena este vacío orientando a la juventud. Semejante proceso se ha ligado, expresa Encina, a la decadencia del sentimiento de nacionalidad, cuyas causas son hondas y lejanas; entre ellas, la lenta gestación de los cambios en los sentimientos e ideas tradicionales derivadas del conflicto cada vez más intenso con Europa, que ha frenado el desarrollo espontáneo de la nación.

                               Una larga jornada literaria se inicia tras su novedoso primer ensayo; publicaciones en diarios y revistas especializadas alternarán con sus obras históricas, entre las que destacan: Portales (1911); Los límites entre Chile y Argentina (1935); La literatura histórica chilena y el concepto actual de la historia (1935); Las relaciones entre Chile y Bolivia (1952); La presidencia de Balmaceda (1952); y la Entrevista de Guayaquil  (1953).

SU MAYOR INSPIRACIÓN

                               Dieciséis años de sostenido trabajo le significó la sola redacción de su obra más importante y monumental, constituida por veinte volúmenes: la Historia de Chile, desde la prehistoria hasta 1891, que ha sido calificada como el máximo esfuerzo individual realizado en el género de la historiografía americana. Pudo ser editada entre 1940 y 1952 gracias a la gran colaboración del erudito español Leopoldo Castedo, y alcanzó una extensión de once mil páginas. En ella recoge el pasado de nuestro país con sus contradicciones, miserias y bellezas y nos lo hace llegar con su estilo intenso y colorido. Pareciera que un marcado interés lo guía a desentrañar la génesis de los acontecimientos. Hay fuerzas internas que forman los períodos históricos. Así, durante la Colonia el proceso decisivo es la formación de la raza. Desde 1830 en adelante predomina la sugestión portaliana que desvía de su cauce normal a la tendencia racial; paralelo a ello, se iniciaría el proceso del quebrantamiento de los valores tradicionales, cuyos efectos lejanos se harían sentir en 1900. El Resumen de Historia de Chile, escrito por el propio Castedo, se convirtió igualmente en obra usual de consulta.

                               Desde 1934 fue miembro de la Academia Chilena de la Historia, y en 1955 obtiene el Premio Nacional de Literatura (aún no existía el de Historia). En 1957 es honrado con la medalla de oro de la Academia Chilena de la Historia y de la Academia de la Lengua.

                               Durante sus últimos años, ya octogenario, continúa escribiendo incansablemente, lo que comparte con sus bucólicas labores agrícolas. El 23 de agosto de 1965 muere en Santiago, cuando gozaba de plena lucidez mental, y recién terminaba otra de sus más importantes obras históricas: Bolivar y la Independencia de América española (ocho volúmenes).

ESTILO SUGESTIVO Y AMENO

                               Difícil tarea es caracterizar su pensamiento, el que no se acoge a sistema filosófico y político alguno. Sólo la realidad inspira sus planteamientos. Al aproximarse a la historia, ve la necesidad de su renovación, desea establecer un concepto historiográfico nuevo, que reemplace al tradicional. La intuición será la herramienta principal en la aprehensión del pasado.

                               Concibe la historia que muestra el fondo oculto bajo la forma externa de los acontecimientos. Los sucesos históricos van tejiendo la trama de la historia, pero hay factores decisivos, como el racial, el físico, el sociológico, que en cierta forma condiciona su desarrollo.        

                               El perfeccionamiento de una sociedad se obtiene encauzando su espíritu mediante el cambio de su mentalidad; el conocimiento de la sicología de un pueblo, que refleja en parte su alma colectiva, es vital para ello. He ahí una tarea pendiente para los educadores y gobernantes de hoy.

                               El estilo de Encina es sugestivo, vital y ameno: la simbolización en los sucesos más destacados y en personajes de carne y hueso, que él tanto preconiza, cumple con creces su misión. El pasado llega al lector en forma real, cualquiera sea el grado de cultura que él tenga: de ahí en parte la gran popularidad de su obra.

                               Vivió intensamente, y no permaneció encerrado en el mundo del intelectual; quizá sea ése el secreto de su conformación mental.

DOLOR  Y  VERGÜENZA

                               En una visita a la Universidad de Concepción, ocurrida en 1952, Francisco Encina manifestó: “El que ama la verdad no teme a la antipatía que los pueblos y los hombres sienten por la exhibición desnuda de su pasado, ni se rebaja a exaltar artificialmente sus grandezas ni tender un velo sobre sus miserias”.

                               Consejo muy atingente para quienes todavía intentan ocultar de manera corporativa los hechos del pasado reciente, acaecidos patéticamente en el país, de los cuales fueron figuras protagónicas y que hoy abjuran de sus responsabilidades sin siquiera inmutarse.

                               Fueron sucesos fratricidas que conforman un capítulo de la historia de Chile y punto, aunque, qué duda cabe, hubieran dolido y avergonzado sobremanera a don Pancho.☻

                                                                                            patricionazer@hotmail.com

 

 

 

 

 

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