Turismo

Tibidabo Resort: Un lugar de ensueño...

La decoración del lugar.

tibidabo_bar_ch.jpg (2819 bytes)     Vista del bar.

tibidabo_rincon_ch.jpg (3049 bytes)    Un rincón.
tibidabo_detalle_ch.jpg (2616 bytes)  Un detalle interesante.
tibidabo_cielo_ch.jpg (2609 bytes)  El cielo interior.
tibidabo_vista_ch.jpg (2230 bytes)  Vista parcial del valle y la ciudad.

tibidabo_dueno_ch.jpg (2678 bytes)    El dueño atiende personalmente.

tibidabo_fam_ch.jpg (2698 bytes)  Una comida familiar.


Mirador   mágico.

¿Ha visto Illapel de noche? La respuesta afirmativa aflora a la mente de cualquiera, pero ver Illapel de noche desde un mirador como el Tibidabo resort es una experiencia que merece ser vivida, porque la vista es simplemente espectacular. Los amplios ventanales se abren ante un sendero plagado de luces que no son precisamente estrellas, aunque de pronto parece que el cielo hubiera descendido y se apropiara del valle en un sublime instante mágico.

¡La magia continúa!...

Sin embargo, el paisaje nocturno, el espectáculo del valle iluminado por modernas luciérnagas, la luna empinándose remolona por sobre los cerros del oriente y esparciendo sus cabellos que explotan en miles de cuchillos relucientes que golpean nuestros ojos desde  los abruptos cursos del río, se conjugan con los rincones sabiamente diseñados para captar la magia del exterior y prolongar el momento en su seno cálido y pleno de imaginación: La arquitectura del recinto ha logrado fundir la magia del entorno. Illapel parece haberse vestido de gala para hacer morir de envidia a otras ciudades con más pergaminos.

 

Ambiente cálido y acogedor.

Si los fines de semana se han vuelto diferentes para las decenas de parejas que llegan a buscar algo

más que simplemente beber, degustar los exquisitos y finos platos y hacer del baile la actividad obligada, el resto de los días acoge a las familias que llegan a celebrar un acontecimiento especial. Y en ese momento, se aprecia la hospitalidad y la calidez del huésped, que atiende personalmente a quienes más que clientes, parecen ser sus invitados.

En un despliegue de amabilidad y savoir vivre, el toque de distinción viene del propio dueño que se desvive por agradar y dejar un indeleble recuerdo en quienes llegan hasta este primer peldaño de la escalera al cielo illapelino.

Placeres del gourmand

La carta contempla los frutos más exquisitos de la tierra y del mar, trabajados con el profesionalismo de la experiencia internacional y la picardía criolla y lo que es aún más sorprendente, los precios están muy por debajo de lo acostumbrado en este rubro en cualquier parte del mundo.

¡Ah! y hasta las 22 horas puede Ud disfrutar del 'happy hour' en que la bebida sólo se cobra en un 50%. Una grata sorpresa al final será el corolario de la agradable velada que, con toda seguridad, será sólo el principio de muchas más.

¡Como para no pensarlo y lanzarse a probar sus bondades! ¿No le parece?

Editor

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